El otro día vi un videomontaje acelerado en el que unos cuatro monjes tibetanos budistas hacen un mandala de arena de 5′ x 5′.
El video duró 1 minuto, pero el esfuerzo de la obra fue de 5 días de 8-10 horas de trabajo cada uno; estimando, unas 50 horas para finalizar el proyecto. Al final, hacen su ritual tradicional y lo destruyen. Pero de esto no trata el escrito.
Para la audiencia, solo quedó la memoria de haber visto el trabajo siendo completado y la obra final.
Para los que trabajaron en él, queda la memoria del esfuerzo coordinado de días largos; y por supuesto la satisfacción de por vida de haber creado semejante arte (aunque solo durara un corto tiempo en su etapa culminada).
Entonces, qué vemos nosotros? Los que estamos al otro lado de la pantalla.
Una foto digital de la obra final.
El que no conoce su proceso ni historia, nunca podrá concebir el esfuerzo y la dedicación que tomó engendrar el producto desenlace. Solo verá una imagen con un patrón de colores en una pantalla (duración de pensamiento mientras haces scrolling: 1-2 segundos).
Apenas dos minutos después mientras gastaba mi tiempo en las redes sociales, me empezaron a salir en el feed más diseños de mandalas (gracias Mark Zuckerberg por el algoritmo invasivo).
Lo trágico de este suceso es que los diseños no eran ni fotografías de artes creados, sino imágenes generadas por inteligencia artificial.
La obra de cuatro personas extremadamente talentosas y genios, trabajando con pausa y cautela excesiva por 50 horas, fue reducido a un video de 1 minuto resumiendo la hazaña, y una fotografía digital que documentó con estampa de tiempo el momento antes y después de que dejara de existir.
Todavía es válido y valioso dentro de lo que consideramos arte. No se robó, ni apropió material. El esfuerzo fue documentando para la apreciación del mismo. La belleza quedó plasmada en memoria, fotografía y pantalla digital. Uso ético y justificable en su totalidad.
Ahora viene EL principal problema: las imágenes siendo propagadas por el todo poderoso algoritmo y mostradas (o mejor dicho, forzadas) en nuestra pantalla son creadas por inteligencia artificial para ir poco a poco reemplazando la foto original -que solo es una, y carga con 50 horas de trabajo de varios hombres-.
Esta es sola una instancia personal que percibí en la que seguimos ampliando la brecha entre lo que es real, palpable, humano… y lo que es creado como contenido digital para ser consumido instantáneamente, sin memoria colectiva, historia documentada, ni estudio posterior.
En el futuro inminente, nos corremos el riesgo de perder la tradición y el ritual de creación (desde piezas de arte a recetas culinarias).
Poco a poco se desvanecerá la memoria de lo que nació como una idea dentro de la cabeza humana, y tuvimos la capacidad de convertirlo en realidad.
Al final, esa idea que terminó plasmada en un cuadro de arena, documentanda en foto y video, y luego destruida en el plano concreto, será sustituida por una imagen copiada y generada en microsegundos gracias a la recopilación y apropiación (ilegal) de contenido digital que no parará de canibalizarse y seguirá regenerándose con creaciones recicladas de la misma recopilación y apropiación que una vez fue el contenido fuente y ya dejó de existir.
La idea que una vez fue, es ahora la copia, de una copia, de una copia…Ideada, concebida por un código digital complejo que no siente, no se esfuerza, ni tampoco crea. Solo recicla y redefine hasta que reemplaza lo que ya nosotros olvidamos.
Tal cual y tal vez lamentable, pero así pinta el porvenir y la gente, me da la impresión, adora los artificios técnicos.
Un abrazo.
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Así mismo es. Falta camino por recorrer, pero cada vez se dificulta y acorta. Espero equivocarme.
Saludos!
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