Un lamento digital nostálgico e innecesario; culpo a Mark Zuckerberg

Después de 20 años usando la plataforma de Facebook, creo que cada día me acerco más a su fin o al menos, el fin de uso diario con algún tipo de expectativa positiva.

Empezó como LA herramienta principal de comunicación digital y conectividad con personas. Me acuerdo la innovación de poder ver persona, foto, nombre a solo un click, e inmediatamente eran “amigos” y podían interactuar al nivel social que decidieran.

Luego se trasformó en un recurso para adquirir informaciones novedosas e intercambiar conocimientos. Aquí entraron los medios de noticias y entretenimiento, autores, académicos, artistas, etc. Una plétora de contenido para alimentar la pupila y los oídos que a diario te brindaba la oportunidad de descubrir ALGO que marcaría tu vida.

Al final de su ciclo funcional, los patronos, compañías e inversionistas utilizaron este ecosistema como mecanismo laboral para crecer ciertas industrias que gozaban de la sinergía digital ofrecida por Zuckerberg.

TODO al momento era innovador. Y nosotros navegamos esa ola desde su pico hasta la orilla.

En los pasados 10 años, Facebook se ha convertido en uno de los pilares principales de desinformación en la era digital. Cada vez más apta para monetizar y armificar los que esparcen retórica de odio en todas sus formas. Esto lo vemos cuando contenidos de aprendizaje o bien común, son sepultados o simplemente invisibilizados, para darle prioridad a otras categorías que, no solo son triviales, sino que restan y pudren nuestra condición humana y moral.

A pesar de todos los males obvios mencionados (más todos los que ni me digné en recordar), siento una lucha diaria al tomar la decisión de entrar cada vez que agarro el teléfono.

¿Cómo me entero de lo que ha sucedido? 

¿Cuál es el debate estéril-banal del día? 

¿Quién se mudó, casó, tuvo un hijo?

¿Quién cumpleaños hoy?

Todo este turbio interno se desintegra en apenas segundos de leer mi “feed” y sus barbaridades. 
Cuentas de personas que no existen más allá del plano digital, pero la plataforma los permite disfrazarse de humanos o instituciones con un rol y mensaje claro.

Sus publicaciones son validadas por cientos de bots (también inexistentes, ya sea en carne y hueso o capacidad de razonamiento) que alimentan el sagrado algoritmo dictado por los intereses y agendas que controlan el discurso.

Me entero poco a poco que muchos de los grupos de artes, filmes, intereses niches que soy parte, son moderados por agentes de AI, y la gran maoyoría de sus publicaciones es programada con horarios fijos en una repetición perpetua (o apenas cambiante) de contenido para mantener las métricas de interacciones monetizadas en el modelo corporativo de META.

Como estrategia de negociación, he pensado que dedicaré mi tiempo aquí a educar, informar, desmentir, etc.
“Trataré de aportar a la verdad, mejorar la sociedad, crear lazos con ciertas comunidades, compartir conocimiento, enfocarme en lo positivo…” En vez de restar, añadir más contenido insignificante o simplemente, burlarme del porcentaje cada vez más creciente de personas que todavía creen todo lo que ven a través de una pantalla y poco a poco erosionan la cantidad limitad de pensamiento crítica que les queda. 

Aquí es que pauso, y pienso que si pasar todo ese trabajo justificaría mi tiempo malgastado, porque tomaré el rol auto asignado del “sabio paladín del conocimiento, del sentido común.”

A pesar de tener alguna que otra herramienta, recurso o privilegio que muchos tal vez no cuenten con él, pienso que la mayor realización que me diferencia es aceptar que soy un bobo más navegando las corrientes agitadas “del principio del siglo 21”.

Mi conflicto interno no lo ignoro, ni lo disfrazo. Admito que, al tener la mayoría de mis seguidores en esa red, no me queda otro remedio concreto para expresarme y que mis ideas lleguen a ellos. 

Sí termino regresando a Facebook en busca de algo honesto y real. La desilución es garantizada, y es solo culpa mía. Pero vuelvo a entrar…

Para dejarles saber que aprecio lo que publican más allá de mis likes, que pienso más allá de mis comentarios, y que existo más allá de una queja extensa recordando un pasado no tan distante, donde usaba esta plataforma aprender perspectivas y no juzgar, para integrarme a otros grupos y no aislarme, para ver un mundo nuevo posible, y no lo peor de la realidad que vivimos.

Deja un comentario